El ajuste de la mirada de Sosabravo se propone sobrevolar los específicos para constituirse él mismo en natura, en entidad orgánica y no derivada o analógica.
Es que Sosabravo tiene una imaginación desbordada que le permite como bien señalara Alejandro Alonso en las palabras al catálogo de una exposición del 78, el empleo de un código —que es a la vez producto de su condición de individuo que vive inmerso en un proceso revolucionario, con la carga ideológica que de ello deriva- y de la expresión por medio de elementos contradictorios como lo mecánico y lo orgánico, el humor y lo dramático y la belleza de deforme.
La figuración de Sosabravo, tan personal y llena de posibilidades, tiene su origen en morfologías de una parte del mundo orgánico que sólo últimamente se han tomado como motivo para fines estrictamente estéticos.
Lo primero que salta a la vista ante la muestra es el sentido del humor que despliega Sosabravo, su retozona picardía presente en el diseño y con frecuencia acentuada por el color.
Adherido a las actuales tendencias incursiona por lo irónico y no se aleja de lo decorativo. La Mariposa acuática es una variante, ya de mayor jerarquía, que las anteriores a que nos tenía acostumbrados.