En el complejo terreno de la creación, Alfredo Sosabravo ha cultivado distintas especialidades según acción plurivalente muy difícil de encontrar en un mismo individuo.
El avatar comenzó allá, por los años 60 del siglo XX, cuando el por entonces Manuel Alfredo Sosa Bravo, quería —sobre todas las cosas— ser pintor, entró al Taller de Cubanacán donde, al tiempo de ocupación estable y remunerada, halló apoyo para iniciar su labor en el oficio que requiere barro, engobes, pigmentos, óxidos, fuego, y así concretar entonces el proyecto que bulle en el artista. Pero ocurre que el crítico de arte a quien le encargaron esta presentación, debutó en tales lides al tiempo que Sosabravo prácticamente inauguraba su producción cerámica; entonces, René Martínez Palenzuela tuvo la iniciativa de seleccionar algunos fragmentos de los trabajos publicados en torno a esta faceta del creador, desde 1967 hasta que otras inquietudes motivaron un giro en su quehacer.
Se trata así de dar idea del ritmo seguido al paso del tiempo y los aciertos logrados en esa especialidad, con citas extraídas de artículos y ensayos publicados en su momento sobre el tema. Más tarde sería el vidrio, medio donde encontró nuevas incitaciones para que los volúmenes alternaran con su siempre declarada pasión por la pintura; y luego, el bronce.