Lo que ha intentado edificar todos estos años el maestro se reconoce apenas como una catedral a la ilusión de la felicidad, de la alegría de vivir, tal hiciera antes Matisse (pintor gozoso donde los hubo), o entre nosotros Raúl Martínez y González Puig. Alfredo Sosabravo está perfectamente consciente de que se trata de una ilusión intocable, inalcanzable casi, pero una ilusión en definitiva muy necesaria a la vida y a la noción de Historia. Su empeño de felicidad, su huracán de energía positivísima es incluso consciente de la necesidad de esos votos a nivel de nación, de proyecto de país, de teleología de la existencia, pues no sólo de la negación y el caos vive el hombre.
Alguna vez leí, no hay que decir que no recuerdo donde, que la manera como amanece la gente es definitoria en los vectores de su conducta. Y no me estoy refiriendo a aquella hermosa película de los amaneceres apacibles que el tiempo ha puesto un poco vieja (que pena de desperdicio), sino a cierta máxima de filósofo, de sicoanalista, que tendía a caracterizar la energía del día a partir de las imágenes que el alba depara. Me pregunto ahora: ¿cómo no va a ser un hombre tremendamente noble Alfredo Sosabravo si tiene la dicha de amanecer todos los días ante la santidad de una iglesia con diseño neogótico para colmo, en cuanto a aquello de la intencionalidad posmoderna de la intervención sobre la historia de la cultura? Aunque su buena seña fluye directo de su interior a sus lienzos, nadie podrá negar que amanecer frente a la imagen del Paraíso o su recuerdo, o su evocación (ya que Alfredo no priorizaría jamás el ángulo de lo infernal, está claro), estimula los mejores pensamientos que el hombre porta y que son cada vez más útiles en tiempos de desmesura y descreimientos. No es que sea uno necesariamente religioso: no hace falta; pero la tenencia de talismanes, de detonantes positivos, de inspiraciones que recuerden el sentido menos perverso de la vida, de veras que se hace aconsejable a las argucias diarias de cualquier creador.
Rufo Caballero
La casa encantada.
(Catálogo).
Alfredo Sosabravo.
Premio Nacional de Artes Plásticas,
La Habana, febrero de 1999.